Jueves, 22 de Septiembre de 2016

De Melina Martín

Un grupo de personas son atravesadas por el movimiento que desata el deseo. Una imagen de fragilidad y de crudeza. El deseo se manifiesta de infinitas formas, todas únicas e irrepetibles. Buscamos la belleza de lo humano en crudo. Nos proponemos "mostrar la hilacha", creando un universo escénico donde los fallos y procesos sean evidentes y el espectador esté a la expectativa del desempeño del artista, donde pueda fallar algo.

Nuestro sistema metafórico, tiene sustento en la vida real de cada bailarín, a través del uso de la analogía, todo el grupo investiga en sus vidas el tema de la obra para poder volcar ese contenido en la escena.

El motor del movimiento está dado más por el deseo en si mismo que por el deseo personal del bailarín. De esta forma, los cuerpos de los bailarines generan un territorio luego de haber transitado el mapa del deseo, compuesto de rutas que conectan nuestras antiguas supuestas satisfacciones originales, con el afuera y con el hoy de cada uno. Para todo esto, los bailarines habilitan las rutas y se encuentran disponibles para transitarlas a través de las huellas de su memoria





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