Viernes, 15 de Enero de 2016

Einstein tiene 70 años. No puede, o no quiere, focalizarse en un solo tema. Su mente salta de la explicación del porqué de la fuerza de gravedad, de la interacción entre luz y materia, de sus conceptos de espacio y tiempo, a datos de su historia doméstica, su infancia, el recuerdo de sus padres, su amor por la música, la anécdota de la brújula, sus mudanzas, sus años de estudio en el Instituto Politécnico de Zurich, sus matrimonios con Mileva y Elsa, su Premio Nobel, la llegada de Hitler al poder, su traslado a Estados Unidos, su alerta a F. D. Roosevelt sobre la bomba atómica, su labor en la Universidad de Princeton.

Lo verdaderamente atrapante del texto, es descubrir el costado humano del genio, sus dudas, sus frustraciones, sus pasiones, sus debilidades, sus errores. "Dios no juega a los dados con el mundo", reflexiona, resistiéndose a la dictadura del azar. "¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio", advierte acerca de los peligros de la intolerancia y la estrechez mental.

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