Jueves, 21 de Enero de 2016

De Martini
Corren los primeros años del siglo XXI y no hay colectivos voladores o naves que surcan los buenos aires, sólo los mismos trenes de antaño. En ellos, los mismos personajes de antaño desfilan y compiten por acaparar las dádivas de los pasajeros. Com.Mix., como el Jonathan Peachum de La ópera de tres centavos de Brecht, obtiene su riqueza de la miseria: un ejército de mendigos trabajan para él sacando provecho de la compasión de la gente. ¿Por qué resulta inaceptable que un rufián de pordioseros tenga ambiciones desmedidas cuando la sociedad aplaude esas mismas ambiciones en sus hijos dilectos y las imita? En esta fábula grotesca que nos habla en lenguaje de comic, se desarrolla esta idea hasta sus últimas consecuencias. La sordidez de la que formamos parte se corporiza en oscurísimos personajes a los que quisiéramos negarles la condición de nuestros pares porque no soportamos ver nuestras miserias convertidas en caricatura. Se trata de la metáfora descarnada de un presente de miseria planificada, condición de la cual preferimos creernos exentos. Sin embargo, los pasajeros-espectadores somos parte de la gran puesta en escena. Estamos todos en ese tren, en la frecuencia de los pordioseros, en la fábrica que produce pobres y mutilados a pleno.




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