Viernes, 21 de Octubre de 2016

De Omar Fantini
Un cazador pierde una de sus manos en una cacería y es hospitalizado, recibiendo por única visita mientras se repone, a la prometida de su hermano. Éste no puede hacer lo mismo, su insuperable aversión a la sangre se lo impide. Pero le ofrece un lugar para que convalezca hasta su completa curación. Un curioso regalo del cazador a la prometida, en reconocimiento a aquellos cuidados, terminará desatando el drama. El desarrollo de la obra transcurre en una habitación, con capacidad para veinte espectadores, la habitación de una vieja casa de Buenos Aires. Este espacio escénico abre a dos pasillos laterales, uno a cada lado, y a un patio exterior a través de una puerta central. Estos lugares representan un aspecto destacado en la acción dramática: un gato, un perro y una moto los recorren; una copiosa lluvia empapa el patio donde también hay una hamaca. La habitación se convierte así en un punto desde el cual, como los radios de una circunferencia, se dispara espacialmente la trama, haciendo que el mundo generado se redimensione y multiplique. Antes que de la idea de «puesta en escena», la elección del lugar participa de la poética inherente a la pieza. Las actuaciones, a un metro del público, no dejan margen a otra cosa que no sea, precisamente, la actuación. A tal distancia, cada gesto ha sido consagrado a confirmarla, lo que supone el despliegue de una gran energía por parte de los actores. Deseos Venéreos tiene la singularidad de exponer francamente un mundo contrario a la convención, a un tiempo pleno de sentido y de locura. Reservas por capacidad limitada al 4863-1550




e-planning ad