Sábado, 16 de Enero de 2016

De Ismael Hase

¿Quién no quiere vivir otra vida?

¿Qué ocurre cuando se vive la vida que uno no elige o quiere?

¿Sabemos siempre qué queremos ser o hacer?

¿Qué ocurre cuándo lo descubrimos o no tenemos duda alguna, pero no lo hacemos?

¿Cuánto cuesta cambiar?

¿Siempre se está a tiempo para intentar hacer realidad nuestros sueños?

¿Qué nos detiene cuando deseamos afanosamente algo, y no tratamos de concretarlo? El miedo al fracaso? Al sufrimiento? A perderlo todo? ¿Al juicio de los demás?

¿Es fracaso vivir la vida que uno quiere, aunque no sea exitosa?

¿Es el intento ya un éxito?

Todas estas preguntas hacen a la historia de un comerciante, de sólida posición social, reconocido en su ámbito como un próspero y confiable hombre en su rubro, que un día decide concretar un anhelo que anidaba en su más recóndita intimidad, insólito para todo su círculo familiar, que siente su actitud como un absurdo destinado al más irremediable fracaso.

Pero nada de los escépticos presagios detienen la decisión. El intento se lleva a cabo, drásticamente, y la conducta del comerciante, inevitablemente, altera la vida de los que lo rodean, que deben acomodarse a la nueva situación, obligando a su vez, a que ellos mismos deban modificar sus vidas.

Y ciertamente, el cambio, que implica empezar de nuevo para quien tenía su vida cómodamente organizada, ya grande, no le resulta nada fácil al comerciante, las dificultades de todo tipo se le van sumando hasta un momento en que la situación a la que el cambio lo ha llevado, le resulta insostenible.

En clave de grotesco, "Bailarín compadrito" intenta retratar, piadosamente, una metáfora de la más auténtica vocación que puede alimentar un hombre: la de ser el que quiere ser, la de vivir la vida que le corresponde.





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