Lunes, 18 de Enero de 2016

De Fernando Peirone

Palabras del autor:
Terminé de escribir La pava argentina en marzo de 2002, era un momento aciago, el país vivía una de las zozobras más devastadoras que nos haya tocado sobrellevar. No hace falta recordar que veníamos de aquel diciembre infausto en que De la Rúa huyó como una rata por la terraza de la Casa Rosada dejándonos como herencia una brasa candente, que en menos de una semana pasó por las manos de 5 presidentes peronistas, mientras la gente, en las calles, al son de las cacerolas, pedía a los gritos "que se vayan todos". Las embajadas del primer mundo, recuerdo, se llenaban de voluntarios que preferían convertirse en ciudadanos de segunda antes que padecer la argentinidad y su infortunio; muchos venadenses se fueron de ese modo, gente conocida, cercana. En ese contexto de efervescencia social, y de dolores personales que aún hoy me hacen doler el pecho, surge La pava argentina, imbuida de duelo, vértigo y locura. A mí se me dio por ese lado; mi amigo Fabián Vernetti -más crédulo- prefirió crear un partido político. Recuerdo que escribí como un autómata durante cuatro semanas seguidas, mientras en los parlantes de mi equipo, a todo volumen, sonaba una y otra vez, como un desquicio, o una confusa convicción existencial, "sing" de Travis. Lo primero que hice, cuando terminé y escribí "Telón", fue imprimir tres copias y dárselas a Andrea Soldini, Juan Carlos Frilochi y el Ñoti Martínez. Me hicieron devoluciones muy valiosas. Mucho de lo que terminó siendo La pava. tiene que ver con sus aportes críticos y generosos, que todavía agradezco.Escribí la obra, confieso, imaginándome al Ñoti como su director natural.. Por su calidad artística, por su pasión, por el modo en que combina ética y estética, por su nivel de exigencia, pero también por su actitud vital. Porque el Ñoti es, sabemos, un soldado raído de la cultura venadense. Mientras muchos trapos fueron arriados, él ha sido -y es- una dignidad incólume, un referente. Nunca le dije que lo había imaginado como director de La pava., pues nos une una amistad tan profunda como añeja y no quería crearle un compromiso; sólo se lo insinué al pasar, y pasó, como pasó el tiempo en que rodamos como país, como individuos. Cinco años después de aquel momento me llamó y, sin aspavientos, como es él, me dijo que quería hacerla con un grupo de actores de El Galpón de Arte en el que tenía depositada muchas expectativas. Sería un infiel si me limitara a decir, urbanamente, que es un halago que haya decidido llevarla a las tablas. Más cerca de lo real sería haber visto el entusiasmo que me produjo acompañar el proceso de la puesta, o que me vean saltar y bailar de alegría, como lo hago en este momento, mientras garabateo este opúsculo, al ritmo de Stevie Wonder, que junto a mí, canta y dice: "So what the fuss".

Fernando Peirone





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