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Ser parte de un caldo de cultivo y nada más
23/08/2007 | Por Sonia Jaroslavsky | Reportaje a Matías Feldman
Matias Feldman
Foto: Silvana Miyashiki

Imagen de Todo se desmorona salvo este dolor

Matias Feldman
Foto: Silvana Miyashiki

Matías Feldman es actor, dramaturgo, director, docente y pianista. Tiene una decena de obras dirigidas, escritas y muchas de ellas publicadas. Actualmente tiene en cartel Todo se desmorona salvo este dolor, de su autoría, en el Espacio Callejón. En esta nota, nos cuenta sobre el proceso creativo de este espectáculo, aprovecha para hacerse eco de cuestiones que no andan bien en el medio teatral y nos dice en qué lugar está parado frente al teatro hoy.

Llego a la casa de Matías Feldman y su gato me recibe deambulando frente a un televisor ubicado en el piso. Matías se sienta y comienza a hablar antes de que le haga ninguna pregunta. Es que está un poco molesto. Demasiada cantidad de obras en cartel y pocos espacios donde mostrar. Me llama la atención su enojo. ¿O acaso no era ésta la capital del teatro? Al parecer, tanta fuente creativa está agotando sus propios recursos y las producciones se vuelven mediocres. En año festivalero esto acrecienta los problemas, ya que se aceleran procesos, para que las obras se hagan visibles frente a posibles miradas nacionales y extranjeras.

“Es impresionante la cantidad de obras que hay. No se entiende bien por qué, ya que no se gana plata haciendo teatro…Es difícil hacer una obra, y es por esto que no comprendo por qué hay tanta cantidad de espectáculos. Parecería que todos pueden escribir novelas o dramaturgia. Creo que, en algún punto, se malinterpretó algo del teatro de Buenos Aires, se malinterpretó la gran fuerza que había para hacer teatro con poco. Con poco era y es con poca producción, poca escenografía, pocas condiciones materiales, pero no con poca técnica, estudio, indagación o reflexión. Me parece que se está viendo mucha cantidad y muy poca calidad. No veo riesgo en casi ninguna obra. Este fenómeno es raro y no hay mucho público para tanta cantidad de oferta, ni tantos espacios para esa cantidad. Creo que hay algo que va a colapsar o ya está colapsado”. Con estas palabras, abre la charla el entrevistado.

- ¿Por qué te parece que sucede esto?

-Tengo una mirada muy crítica de mi generación. Creo que nos condena la imagen que tenemos de nuestros maestros. En mi caso el maestro es Rafael Spregelburd. A ellos, a los maestros, les ha ido muy bien y han podido legitimarse y tener un lugar interesante, con sus problemas, me imagino, pero en buenas condiciones. Creo que nuestra generación está todo el tiempo intentando llegar a ese lugar. Por suerte yo estoy tratando desde hace unos años de correrme un poco de esto, pero creo que la mayoría, lo que menos va a intentar es indagar en algo no conocido, arriesgarse. Me parece que últimamente se va hacia lo seguro. A todo esto se suma un modo de producción delirante, que, además, no es propio. No está la figura del productor, se piden subsidios que nunca salen o salen mucho después. Yo como director coordino los horarios del grupo, pongo plata de mi bolsillo, realizo la escenografía. Tengo que ser asistente, productor, director, dramaturgo. Es como mucho, ¿no?

- ¿Qué hace que sigas haciendo teatro?

-No lo sé. Muchas veces me pregunto por qué sigo. Creo que el teatro en esta ciudad generó un nivel de indagación en los ‘90 muy interesante. Como no había plata, lo único que importaba era indagar o divertirse. Lo que me tiene más agarrado a hacer teatro, es mi obsesión por el proceso creativo. Eso me mantiene en pie. Y también creo que no me va mal, ya que hago obras y puedo conseguir salas donde hacerlas. Por momentos cuesta mantenerlas, las condiciones no son muy buenas, pero vivo del teatro de manera indirecta, por mis alumnos. Digamos que estoy en un lugar privilegiado, porque hace mucho que hago obras y me fui legitimando desde abajo como todos, ¿no? Pero el tema es que veo que se quiere dar el salto. Se quiere ser legitimado a toda costa desde los lugares de poder como la prensa, los críticos, los propios pares, el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires, etc. Entonces parece que de lo que se trata es de pegarla, en el sentido de ser legitimado y que te digan: “Vos sos el nuevo Spregelburd”. Veo que hay obras que sólo buscan eso. Dentro de este panorama, hay espectáculos que pueden estar muy bien hechos, regular o mal, pero no veo riesgo. El autor, el actor o el director buscan todo el tiempo ser considerados talentosos. Y al buscar esto, el proceso creativo queda por detrás. Veo que hay un concepto muy capitalista de fondo: éxito Vs. fracaso. Si las cosas más retrógradas ya las hacen la televisión y el cine, ¿por qué el teatro también se tiene que hacer cargo de eso? Sería interesante aprovechar, ya que el teatro no genera dinero, su posibilidad de indagación.

-¿Qué pensás de lo que ocurre con los espacios teatrales?

-Hay varias aristas por donde entrarle a esta situación. Por un lado esta gran cantidad de obras que hay. Por el otro, el tema de los espacios, cuyos dueños interpretan que, porque hay muchas obras, hay que darle menos tiempo a cada una y meter todas las que se pueda. Creo que habría que darle más tiempo a cada una y poner menor cantidad. Las salas se tienen que hacer cargo de organizar mejor la cosa y lo que no veo de parte de éstas, es una intención de trabajo en conjunto. Dan el espacio, pocos ensayos y si no viene mucho público tenés que irte. No hay una apuesta al trabajo. Creo que si a las obras les va bien, a las salas le irá mejor y que si tienen obras de mejor calidad, la sala se revalorizará. Debería haber más apoyo de las salas hacia las obras. Lo que está separado es el teatro del lugar. Por otro lado, los que se ocupan de hacer la prensa son los mismos hacedores de las obras. Es rarísimo esto. El de la prensa es otro gran tema… Sería muy bueno ponernos de acuerdo actores, directores y dramaturgos y no hacer prensa por un tiempo u obligar a que bajaran los precios.

-¿Cómo ves a los espectáculos a partir de esta problemática que marcas?

- Con respecto a las obras, creo que sigue estando bueno ver a los maestros más que a los discípulos. Ellos tuvieron mucha suerte, otras condiciones. Los festivales vinieron en busca de ellos, había producción, el propio Teatro San Martín creó un grupo como el Carajají y actualmente eso es imposible. El San Martín no le da ni bolilla a la gente joven, salvo, un poco, con el Ciclo Biodrama, pero eso no puede satisfacer todas las posibilidades. Nosotros nos encontramos con una época mucho más difícil que nuestros antecesores y veo una desesperación muy grande en las obras por ser valoradas, legitimadas por estos lugares de poder. De a poco, el modo de producción, que va muy a contrapelo de las condiciones, va generando la pérdida del riesgo. De hecho, creo que está bueno jugarse por algo que esté mal, si por lo menos se arriesga.

-¿Cómo te afecta todo esto?

- Estoy tratando de correrme de ciertos lugares y adoptar el riesgo. Me afectaba antes porque claramente escribía para mi maestro, Rafael Spregelburd. Cuando pude identificar esto, maduré y pude correrme. Es un proceso de crecimiento dramatúrgico. Después de este proceso viene otro en el que uno quiere escribir para los pares. Yo tenía mucho del vicio de eso de querer ser considerado talentoso. Trabajos en los que se ve mucho al autor, mostrándose por delante de la obra. Es un proceso por momentos doloroso, porque uno se tira a la pileta. En este espectáculo, Todo se desmorona salvo este dolor, traté, muy conscientemente, en uno de los aspectos del procedimiento, de no ir por zonas que sé que funcionan y que sé que manejo bien. Estoy tratando de correr el ego del autor de figurar. La obra es el procedimiento y uno es parte, no es la obra. Si puedo sintetizar algo de lo que creo que ocurre en este momento, diré que lo que veo es que ahora los autores son la obra, cuando, en realidad, debieran ser parte de un caldo de cultivo y nada más.

-¿Cómo trabajaste en esta obra?

-Traté de ponerme yo mismo en espacios de incomodidad, de no control. Me gusta, como director, llevar a los actores a ese lugar y trabajar con actores creadores. Por suerte encontré para llevar adelante esto a Hernán Oviedo, Carolina Martín Ferro y Gonzalo Martínez. En Todo se desmorona… encontré más que busqué, como dice Picasso. Encontré con los actores en los ensayos. Creo que ellos encontraron algo que tenía sentido en su estar escénico. Esta obra pude hacerla gracias al Premio S y esa plata la usé para ensayar mucho tiempo en el teatro, porque me interesa poder preparar la obra en el lugar. Esto es algo imposible. Tal vez sea la última vez que lo pueda hacer, porque en este momento, en este país, no se puede trabajar nada visualmente ni espacialmente. Vos trabajás en un lugar y después el teatro te da dos días para ensayar y no ayuda. Veo obras que están muy bien en el living de una casa o donde ensayan y cuando van al teatro quedan raras, porque el teatro es espacio.

-¿Cómo se gestó Todo se desmorona…?

-Mi punto de partida fue pictórico. Vi en el Museo de Arte Thyssen, de Madrid, una pintura de Michael Andrews que me impactó por su realismo. Es una serie de cuadros que se llama Luces que es la secuencia de un viaje aerostático. El cuadro que específicamente me impactó fue el de un paisaje en el que se ve muy de lejos una playa, un muelle y el mar que se confunden. Un paisaje muy realista y extrañado al mismo tiempo. Me encantó y quise hacer algo con esto. El pintor quería con este trabajo hacer una especie de metáfora del zen, de la mentira del ego del yo, y creo que había algo de esto en la obra, te generaba perderte en el tiempo en algún sentido, dejabas de ver al autor. Esto es algo que se relacionaba con lo que yo venía pensando acerca de correrse y dejar que otra cosa fluyera, acerca de la mentira del yo-la obra. Otra pintura disparadora fue una de Edward Hooper Summer evening (Noche de verano).
Después convoqué a los actores y con ellos la obra se fue encarnando. Aquí me sentí más director que dramaturgo. De a poco fui encontrando la obra. De hecho encontré uno de los aspectos de Algo se desmorona… casi en la segunda función luego del estreno.
Esta obra está en un borde. El personaje de la mujer está en el borde de la locura. La historia es hiper sencilla, pero contada de una manera muy extrañada. Tan extrañada está, que los actores necesitan contar partes de la obra a público. Y todo aquello que está en un borde, puede caer. De un sistema inestable puede venir una caída muy estrepitosa. Si una birome está en la mesa y la toco no pasa nada, pero si esa birome está en el borde de la mesa, la toco un poquito y se cae bruscamente. El efecto que viene es muy grave. Es un desmoronamiento muy fuerte y acelerado. Eso es lo que trabajé en este espectáculo. Todo se desmorona y todo cae. En pocos minutos le pasa algo muy grave al personaje de la mujer. Hay algo que me interesó mucho para esta mujer y es el personaje de Grace de la película Dogville, de Lars Von Trier. Allí, lo que le pasa a Grace es terrorífico, pero después ella mata a todos y yo me encontré en el cine diciendo “¡Bien! ¡Se lo merecían!” Ahora bien: lo que Grace hace es algo mucho peor o del mismo tenor de lo que le hicieron a ella, lo que genera un conflicto moral, mucho tiempo después. Porque ¿esto quiere decir que yo como espectador festejé la muerte de unos niños delante de su madre? Ahí la relación de la moral con la identificación empieza a ser relativa. Hay algo parecido en esta obra. Ella es muy desagradable, se manda cosas que uno podría decir que están mal y después recibe algo terrible. Al final de la obra dice “¿Se puede merecer lo que a uno le pasa?” Creo que no hay merecimiento de algo terrible.

-¿Y los personajes masculinos?

-También por esto del extrañamiento, no queda claro si están o si fueron una visión de ella. Hay algo de la perspectiva y del tema de la visión que siempre me interesó. Encuentro que la obra está mostrando al mismo tiempo lo que es y lo que alguien puede estar viendo. Pero otra de las cosas que suceden, es que uno ve una arbitrariedad que después se va justificando y cerrando. Estos personajes fueron apareciendo en las improvisaciones.

-¿Te interesa explicitarle al público que lo que está viendo es teatro?

- Sí, hace tiempo me interesa explicitar que todo es una mentira, pero que se pueda entrar más allá de esto. Me interesa, en vez de ocultarlo, mostrarlo alevosamente. La obra distancia más de lo que busca una identificación, y me gusta eso. Que la identificación la haga la televisión o Hollywood y que el teatro sea un lugar para probar cosas. Por eso para mí esta obra implica un riesgo muy grande. Supongo que debe incomodar a los espectadores. En algún punto habla muy sutilmente de cuestiones que pasan entre pares. No tiene esos lugares de seguridad que se suelen buscar, donde con certeza los espectadores verán que uno es talentoso. No tiene protección en ningún lugar. De hecho hay cosas que pueden ser consideradas como errores y justamente no me importa. Creo que si me importara, perdería sentido estar haciendo teatro. Dejaría de arriesgar. Este es el punto, creo.



Secuencia de Todo se desmorona salvo este dolor
Comentarios públicos: 7
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#1 María Natacha Koss Publicado el 29/08/2007 Estoy completamente de acuerdo con lo que dice Matías con respecto al panorama teatral. Hay mucha oferta, lo que no asegura de ninguna manera la calidad. Lo que pasa es que si de ### obras 50 son buenas, el porcentaje es muy bajo pero el número en sí es alto. Y con respecto a las salas, también hay un problema al que deberíamos prestarle más atención. Si antes eran un espacio alternativo, hoy son un espacio restrictivo. Por causas que no estoy del todo segura que sean de supervivencia económica, programan dos o tres obras por día. Esto trae como consecuencia que los teatreros no tengan espacio para obras que duren más de una hora y media, o que requieran un armado y desarmado de escenografía de más de media hora (es decir, se censura la creación con parámetros técnicos). Por lo tanto, increíblemente, la casa de Kive Staiff termina siendo más vanguardista que las salas de vanguardia.
#2 Rustico Publicado el 03/09/2007 Muy atinado lo que dicen en este reportaje. También comparto lo de María Natacha pero me parece que pensar al san martin como vanguardista es un poco exagerado. Que el espacio independiente tenga los problemas que tiene no justifica la defensa de la triste programación oficial.

#3 Juan Hurtado Publicado el 03/09/2007 Bueno, ciertamente esta me parecio una nota un tanto narcisa, ¿porque esto? primordialmente hablar y repetir que el teatro en la Argentina es mediocre (porque eso es lo que se da a entender por este autor) me parece un total desprestigio. El solo hecho de plantarse frente a un publico y generar algo es de por si un hecho teatral. Yo creo que en parte el autor Matías Feldman esta diciendo que hay mucho espectaculo con carencias de creatividad y profesionalismo. Es cierto, lo hay, ¿pero acaso usted Matías Feldman nacio sabiendo actuar? Oh! disculpe, lo felicito, nunca supe sus dotes Artisticas.
¡Por dios! hay que pensar de otra forma, el arte no es perfecto, yo, un pibe de 20 años de edad, te puedo decir que uno no nace sabiendo y si una persona se sube a un escenario es porque quiere aprender, no todos suben y son Marlon Brando, osea que uno nunca sabe la carencia o el virtuosismo de una persona, puede que haya elencos que su director no es el adecuado, tipicos "Puestistas" que te dicen "movete ahi, cuando cuentes 10 date vuelta y deci "Hola Sr. Kane" " ¿acaso vos creer que en el Teatro hay carencias de creatividad, investigacion, y que muchos se suben para buscar reconocimiento? puede ser, pero no todos son así y no todos tienen esa meta en sus carreras.
Desde mi punto de vista creo que estamos en una etapa de creacion muy interesante, omitiendo algunos elencos que ciertamente generan cosas de no muy buena calidad, hay elencos que son excelentes y estan creando conceptos e ideas teatrales muy interesantes, investigando y abriendose a descubrir cosas totalmente renovadas. El Teatro de Meyerhold, Grotowski y Artaud quedo en el tiempo, sus tecnicas ciertamente dieron un empuje a lo que es el teatro actual, mas aun estos 3 teoricos que fueron grandes por sus teorias totalmente desestructurantes a la teoria teatral realista de Stanislavski.
Si entramos a discutir temas como el publico, podemos decir que el publico en la Argentina es en su mayoria Estudiantes de Teatro y en su minoria publico sin posibilidades de poder dar una critica coherente del hecho teatral. Igualmente creo que es muy poca la gente del Teatro que ve Teatro, y eso es una lastima, y eso es lo que genera en diversas puestas una falta de trabajo creativo.
Otro punto de esta entrevista que me parece un tanto desubicadisimo es la pregunta "¿Que hace que sigas haciendo teatro?" y la contestacion del entrevistado que es "No lo sé. Muchas veces me pregunto por qué sigo." ¿Te preguntas porque seguis?, ¿y porque no dejas de hacer teatro y le das tu lugar a otro para que lo haga por vos? no veo un entusiasmo en tu actividad, si vos decis que hay gente que tiene carencias en sus puestas, veo en vos una falta de energia que te haga posible un movimiento actoral favorable, y quiza deberias verte vos mismo y no opinar de la actividad teatral.
Dar opiniones sobre el Arte no siempre es favorable, y no es facil, esto era una entrevista y terminaste dando opiniones agenas a tu persona. Es una equivocacion. Es como cuando en una clase Teatral, o en el fin de un ensayo, un actor da una opinion de un proceso creativo de un compañero, creo que es algo totalmente desfavorable y poco positivo, el actor/director/dramaturgo, debe ver su propio proceso creativo y dejar el proceso de critica agena a los intelectuales, que creo que en la Argentina sobran. Como te dije, no es facil una opinion y menos en el ambito del Arte.
Yo te lo digo con 20 años de edad, vos nose ciertamente que edad tenes, ni me interesa saberla, no considero que porque tengas 30 o 40 años y tus años de profesion sean mas que yo puedan tener mas autoridad que mi palabra, es por eso que expreso mi opinion de la entrevista esta.
Con respecto a otra pregunta una que decia "¿Cómo ves a los espectáculos a partir de esta problemática que marcas?"
Y vos pones que sigue estando bueno ver a los Maestros mas que a los Discipulos y despues abajo pones que el Complejo Teatral San Martin sigue sin dar oportunidades a Jovenes, mi dios, ¿sos escritor y producis constantes contradicciones? hay un grabe problema en tus charlas, y creo que el proceso de armado de esta entrevista, vos queres el San Martin de oportunidades cuando vos decis que esta bueno ver a los Maestros mas que a los Discipulos, te estas equivocando, si tiras la piedra y la piedra se hunde en el lodo y vos queres volvera a buscar, la vas a encontrar pero va a estar manchada. Pensalo.
No voy a criticar mas esta nota, esta es mi critica y la nota no me parece buena de ningun modo.
Solamente una cosa mas, al final de la nota pones "De hecho hay cosas que pueden ser consideradas como errores y justamente no me importa. Creo que si me importara, perdería sentido estar haciendo teatro. Dejaría de arriesgar. Este es el punto, creo." perfecto ahora quizá al final de la nota se da cuenta de que el Teatro posee errores y no es 2+2=4 sino 2+2=10, no hay una condicion que diga que el Arte es perfecta, hay errores y en esos errores se vale el artista. Igualmente creo que vivis en un mundo de contradicciones y ambivalencias. Vos en una parte de esta nota pusiste que hay carencias de escenografia, vestuario, etc en el hecho teatral, a todo esto pusiste "pero no con poca técnica, estudio, indagación o reflexión" y despues pones que en tu obra hay cosas que pueden ser consideradas como errores y no te importa (vaga conclusion) porque si le daria importancia a esos errores perderia el sentido hacer teatro, y creo que toda la critica que habias hecho antes sobre el hecho teatral y sobre los grupos que tienen poca indagacion o reflexion sobre el proceso creador, vos en este caso estas dando a conocer que tus obras tienen errores y esos errores no son porque los quisiste dejar, sino porque no hay un trabajo del cual vos en el principio de la nota destacaste que muchos grupos no tienen que es " técnica, estudio, indagación o reflexión".


Juan Hurtado

#4 Silvia Spina Publicado el 07/09/2007 Vi el espectáculo de Matías Feldman; todas sus "imperfecciones".Vi teatro vivo. Encuentros- en el sentido en que, creo entende,r lo decía Picasso- de mirada atenta apoyada en una luz diáfana. Vidrios de ventanas cayendo a plomo. Ver sin reflejos. Respirar, Vi.
En cuanto al tema de las salas, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice en la entrevista. Como escenógrafa lo sufro profundamente. Sólo agregaría algo que hace que la situación sea, en realidad, mucho mas odiosa, triste y siniestra y es que la mayoría de las llamadas salas de teatro independiente o alternativo son propiedad de actores y gente de teatro. Realidad y relaciones miserables.
Silvia Spina


#5 Dario Szraka Publicado el 13/09/2007 bueno, tiene razòn, bastante, mucha, tiene razòn. Al menos para mì, claro, humildemente.
nunca vì nada de èl, no sabìa quièn era hasta que leì su nota, porque còmo èl mismo dice, hay muuuuucha oferta teatral en buenos aires y esto de tener que conocer a todos y saber què hacen todos, "ver todo", me parece uno màs de los absurdos y sinsentidos de nuestro mundillo teatral.
todo es cantidad: tal director, tal actor, que trabajò en no sè cuàntas obras, que dirigiò no sè cuàntos bodrios, que tiene no sè cuàntos trabajos simultàneamente en cartel. Y bueno, asì funciona, se ve que el panorama teatral se alimenta de esta obsesiòn por el nùmero (como feldman mismo dice, una lògica capitalista, aunque suene medio demodè, mucho vs poco, èxito vs fracaso), "el ambiente" se valoriza por medio de la cantidad, como la pampa se valoriza por la cantidad de hectàreas y el ganadero por la cantidad de cabezas, y la 9 de julio por sus metros de ancho, evidentemente no entendemos otra manera de encontrar sentido sino en la cantidad, que de por sì, no tiene mucho sentido, ya que como ciertamente dice Feldman, escasea la calidad, y sobre todo la vida, que es riesgo de por sì, si està vivo està en riesgo, de morir, de ser ignorado, de apagarse, de ser incomprendido. Si no està vivo, no tiene riesgo, es fòrmula, perfecta (bue... tampoco tanto), acabada, con un resultado a la derecha del signo "=". Leo crìticas, veo espectàculos, y todos se plantan en ese mismo lugar, el regodeo obsceno en los conceptos, el lucimiento del director, es cierto, y el director que permite lucir al crìtico (una relaciòn que en muchos casos le hace muuuuuy mal a la vida del teatro, al riesgo), poniendo vulgarmente de relieve una baterìa de recursos "interesantes" cuya funciòn està fuera de la sala, està en la nota del diario, de la pàgina digital, comparten còdigos y complicidades que hacen que ambos se luzcan sin ver que el pùblico bosteza, bosteza y aplaude, porque dicen que aquello es "interesante". No es que quiera subestimar al pùblico, pero prefiero un pibe que sale a ver què hacer un sàbado a la noche y se mete a un teatro con la necesidad anìmica de divertirse, de conectarse, de desconectarse, o de las dos cosas a la vez, que el que va al teatro para pertenecer, porque hay que ir, porque "hay que ver todo", porque aquello es interesante y esto es una propuesta "en la que la dramaturgia propone una resignificaciòn del espacio a travès de procedimientos que ... " bla, bla, bla; palabras gastadas, crìticas gastadas, obras gastadas, porque la cantidad finge su sentido a travès de màs cantidad, y el que hace dos obras tiene que hacer seis, y el que escribe cincuenta palabras tiene que escribir cien para justificar las cincuenta anteriores. Còmo yo, que ya me fuì a la mierda con el discurso.
saludos Matìas Feldman, me alegro de que haya gente que piensa como vos, lamento que las puertas que abrìs con tu opiniòn se cierren con un "es cierto, hay cantidad pero no asegura calidad". Muy poco.

#6 Alan Robinson Publicado el 20/09/2007 Muy inteligente el entrevistado. Sólo agregaría que, "el riesgo" del que habla también es "muy capitalista".
#7 virtual Publicado el 04/03/2008 Un iteresante sitio

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