Jueves, 08 de Enero de 2015
Jueves, 05 de Octubre de 2006

El triste resplandor de la guerra

Por Sonia Jaroslavsky | Reportaje a Martín de Goycoechea

Martín de Goycoechea,ingresa en la dramaturgia del autor egipcio Adel Hakim, para indagar con Ejecutor 14, en la ardua tarea de cómo abordar la vivencia de la guerra ya tantas veces representada.

Cuando el espectador llega a la sala se le entrega un programa de mano con varias hojas. Mientras se acomoda en las butacas, dos personas se paran en la escena y nos informan que nos tomemos un tiempo para poder leer tranquilamente este pequeño cuadernillo/programa. Pero además, nuestra lectura va a estar acompañada por una serie de canciones elegidas especialmente para este momento. De esta manera, nos introducen paulatinamente en el universo de Ejecutor 14 (ver video).

Invitamos a los lectores de esta nota a transitar por esta experiencia, como propone el director de este espectáculo, deleitándose con los textos del programa mientras escuchan la música que fueron motor y son parte de la puesta de Ejecutor 14:


Clickear sobre la imagen para pasar a la siguiente página y suba el volumen del audio de su computadora o parlantes.


Gráfica y música introducción de Ejecutor 14

Entrevista a Martín De Goycochea

-¿Qué te pasó con las primeras lecturas de Ejecutor 14?

-La visión intimista que tienen algunos pasajes del material me conectaba con una cotidianeidad invadida, inmanejable, con la sensación de nunca poder volver atrás. ¿Qué pasa debajo de las mesas durante los bombardeos, quienes están y cómo? Pensaba que cualquiera de nosotros podía tomar parte de la guerra sin proponérselo, por defensa propia, por mera decantación de situaciones externas. Un militar cree que la violencia es una posibilidad para la solución de los problemas. Lo interesante es cómo un civil despolitizado hace esa transición.

-¿Con qué ideas empezaste a trabajar y cuáles quedaron?

- La idea de que somos inmunes ya fue algo mil veces representado en películas anteriores a 2001, con aviones dentro de un edificio, o un espectador sentado, mirando, mientras alguien es violado, quedándose con ganas de aplaudir. Así que me inquietaba la posibilidad de abordar la guerra como tema, e intentar no hacerlo de manera obvia, generar un elemento plástico que lograra la incomodidad del espectador, para que éste encontrara placer estético y la contradicción que eso mismo provoca.

-¿Y de qué manera abordaste la guerra en la puesta?

-El protagonista de Ejecutor 14 intenta recordar un momento feliz y esto me sirve como excusa para infiltrar, en esas situaciones, la crítica de la forma: con otro color actoral, con la repetición, con un trabajo coreográfico más cuidado, más estético. Todo esto me permitió separarme de la representación gráfica y obvia de la guerra. Encontrar asociaciones frágiles al material madre y profundizarlas. Y teniendo un actor como “espectador” me burlo, incluso, de mi propia forma.

-En el espectáculo aparecen diversos motivos, escenas, que se van desarrollando paulatinamente de manera fragmentada, para aglutinarse hacia el final en un conjunto, con una corporalidad y musicalidad que acompañan. ¿Qué esperás despertar en el espectador de esta obra y de qué manera?

-Espero despertarle espíritu crítico, con el material que se le plantea. En el principio de la puesta, uno de los actores dice que no se puede pensar un trabajo que hable de la guerra como un material cerrado. Lo que pretendo es la obligación de la decodificación a nivel personal, íntimo. Destrozar la narrativa y presentarla de manera fragmentada, repetida, da la posibilidad de innumerables lecturas.



Video: Ella llora

-¿Cómo fue el proceso de trabajo?

-Largo. Más de un año y medio de trabajo. Recién a fines de 2005 comencé a incluir los elementos más conceptuales a la puesta. A comienzos de este año terminé de cerrar el elenco. Lo interesante fue la búsqueda actoral, las discusiones que teníamos para encontrar el color adecuado para esos roles y descubrir que la interpretación, el estado, por delante de la acción, resignificaba los roles volviéndolos melodramáticos.

-¿Me comentaste que hacías teatro conceptual? ¿Qué significa para vos y cómo lo desarrollás en tu obra?

-No sé si llamarlo conceptual, pero siempre tengo a priori elementos teóricos que me interesa trabajar, como por ejemplo, la crítica de la forma. En general mi trabajo no tiene como punta de lanza la narrativa por la fábula en sí misma. Todo lo contrario. Ésta es una excusa para poder profundizar lo primero. La verdad es que yo no tengo nada para contar, perosí hay conceptos que me interesa tirar en el espacio, plantearlos como dudas o preguntas y nunca responderlas. Es por eso que mis trabajos están cargados de elementos asociativos, fórmulas que requieren aporte crítico de quien lo mira.

-Se vislumbra un interés por trabajar con el concepto de intervención, tanto en el programa de mano, en los textos de Ejecutor 14 que repartiste a la prensa, intervenidos artesanalmente, como en la obra...

- Sí, porque cuando pienso en la edición no puedo dejar de hacerlo de manera plástica, tomándola como un objeto, en el cual las palabras tienen el mismo o menos peso que la forma en las que se las presenta. Mis objetos-textos siempre guardan relación con la puesta. Para mí el director es el último dramaturgo. A partir de esa idea es que yo invierto el orden: primero la puesta, luego el objeto-texto.
Cuando me ha tocado escribir un texto a pedido, éste nunca tiene didascalias. Está plagado de “Quizás…, no sé”. Le agrego fotos que asocian, mando música con la entrega. Me interesa generar un material inseguro. Lleno de dudas. Si como director le pido al espectador que se esfuerce, lo mismo pido como dramaturgo.

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